Reflexiones Cristianas

7. La expiación en símbolos – II

In 2008 4to Trimestre on noviembre 12 , 2008 at 6:35 pm

Versículos de estudio propuestos para esta semana: Levítico 16; Números 18:1-8; Salmo 28:2; 132:7; 138:2.



1. El santuario y la expiación

Efectivamente, tal como dice el autor de Escuela Sabática:

“En otras palabras, el Señor estaba diciéndoles a los israelitas: `Si ustedes pecaron y quieren eliminar su poder que esclaviza, tráiganlo a mí, a mi morada, y yo me ocuparé de él. ¡Tráiganmelo! Los israelitas abandonaban el Santuario bendecidos por Dios y justificados por su gracia.
Todo esto era símbolo de la obra de Jesús, nuestro verdadero Sumo Sacerdote (…) Hoy, Dios nos dice: `Si quieres estar libre de pecado, y que tu pecado esté perdonado, ¡ven al altar del sacrificio, donde mi Hijo pagó la penalidad por tu pecado!” Día domingo, 9 de noviembre, Pág. 52.

Esta misma idea expresada por el autor la hemos desarrollado en nuestro comentario “La eficacia de su ministerio sacerdotal“. Para aquellos que no lo han leído, os recomendamos su lectura, específicamente el epígrafe 2 “¿Cuál era el significado esencial del Santuario Terrenal?“.

Es necesario comprender esto para tener una idea global del significado del Santuario Terrenal y del sentido expiatorio de la obra de Jesús.


2. La obra del sacerdote y la expiación

Para comprender la obra sacerdotal en el AT, resulta esclarecedor conocer la cronología de los hechos, y sus fundamentos esenciales.


2.1. Cronología y contexto de la obra sacerdotal

En Éxodo 18:1-12 Moisés cuenta a Jetro (su suegro) cómo Jehová había librado a Israel del Faraón y los egipcios. En Éxodo 18:13-27 tras el consejo de Jetro, Moisés escoge Jueces para que juzguen los asuntos pequeños del pueblo, y de esta manera delega en ellos el trabajo que hasta entonces hacía sólo él.

Pasaron sólo tres meses desde que el pueblo había sido librado de los egipcios, y Dios llamando a Moisés les pide que les comunique lo siguiente:

Y Moisés subió hacia Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí. “Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso delante de ellos todas estas palabras que el SEÑOR le había mandado” Éxodo 19:3-7 (LBLA – destacado nuestro)

El pueblo de Israel debía ser una nación santa, un especial tesoro para Dios de entre los demás pueblos. Esta nación santa y especial tesoro, tendría el privilegio de tener la misma presencia divina entre ellos. Dios hace pacto con Moisés y el pueblo ordenando los Diez Mandamientos a su pueblo (el pueblo sabía que a través de Moisés podían recibir su palabra – Éxodo 20:19). Junto con los Diez Mandamientos, Dios ordenó construir altar de tierra para holocaustos y sacrificios (Éxodo 20:24).

Junto con estas dos prescripciones elementales (Diez Mandamientos y altar de tierra), Dios entrega otras leyes al pueblo: leyes sobre los esclavos (Éxodo 21:1-11); leyes sobre actos de violencia (Éxodo 21:12-25); leyes sobre responsabilidades de amos y dueños (Éxodo 21:26-36); leyes sobre la restitución (Éxodo 22:1-15); y leyes humanitarias (Éxodo 22:16-23:13). También les especifica las tres fiestas anuales que debían celebrarse, a saber: la fiesta de los panes sin levadura, la de la siega y de las primicias (Éxodo 23:14-19).

Finalmente Dios habla a Moisés pidiéndole que construya un santuario conforme a lo que Él le mostraría (Éxodo 25:1-9). La función principal, como ya hemos comentado, era que a través del santuario Dios habitaría en medio de ellos.

“Y que hagan un santuario para mí, para que yo habite entre ellos” Éxodo 25:8 (LBLA – destacado nuestro)


2.2. El llamado y la función sacerdotal

Seguidamente, dentro de las indicaciones de la construcción de los diferentes elementos del Santuario (ej: el arca del testimonio, la mesa para el pan de la proposición, el candelero de oro, el tabernáculo, el altar de bronce, el atrio del tabernáculo, el aceite para las lámparas, el altar del incienso, etc.), se describen el tipo de vestiduras de los sacerdotes (Éxodo 28 y 39:1-31), la consagración de Aarón y de sus hijos (Éxodo 29:1-37 y Levítico 8:1-36) y una descripción de las ofrendas diarias (Éxodo 29:38-46 y Números 28:1-8).

En estos últimos versículos mencionados se encuentra la clave para comprender la función sacerdotal (Éxodo 28, 29:1-46, 39:1-31; Levítico 8:1-36; Números 28:1-8). A continuación haremos una síntesis de los aspectos más importantes.

  1. Dios escoge a Aarón y sus hijos para que sean sus sacerdotes (Éxodo 28:1)
  2. Aarón, como sacerdote, llevaría vestiduras sagradas para honra y hermosura y para consagración como sacerdote (Éxodo 28:2-3). Además, debía llevar, entre otros muchos ornamentos, una campanillas que debían sonar cuando entraba y salía del santuario, para no morir (Éxodo 28:34-35)
  3. Aarón, también debía llevar una lámina de oro con la inscripción “SANTIDAD A JEHOVÁ” sobre un turbante (mitra) que llevaría sobre su cabeza, y a en la cual Aarón llevará “las faltas cometidas en todas las cosas santas (…) para que obtengan gracia delante de Jehová” (Éxodo 28:36-38).
  4. Los sacerdotes debían ser consagrados, y para ello no era suficiente la vestimenta, sino también todo el rito descripto en Éxodo 29:1-37 y Levítico 8:1-36. Consagración que duraría 7 días (Éxodo 29:35 y Levítico 8:33) y que incluía la santificación del altar (Éxodo 29:37) y la expiación de los pecados de dichos sacerdotes, para que no murieran (Levítico 8:34-35)

Los 4 puntos anteriores más las ofrendas diarias descriptas en Éxodo 29:38-46 y Números 28:1-8 hacían posible el propósito de Dios:

Será holocausto continuo por vuestras generaciones a la entrada de la tienda de reunión, delante del SEÑOR, donde yo me encontraré con vosotros, para hablar allí contigo. Y me encontraré allí con los hijos de Israel, y el lugar será santificado por mi gloria. Santificaré la tienda de reunión y el altar; también santificaré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy el SEÑOR su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para morar yo en medio de ellos. Yo soy el SEÑOR su Dios” Éxodo 29:42-46 (LBLA – destacado nuestro)

2.3. Conclusión

En conclusión, Dios escogió a Moisés para comunicar a su pueblo la intención del llamamiento como pueblo escogido, nación santa o especial tesoro. Para cumplir con dicho pacto, Dios necesita cohabitar en medio de su pueblo (hecho que favorecía la evangelización, dado que era el medio por el cual las demás naciones podían ver que Él, el SEÑOR es Dios de Israel, el verdadero y único Dios quien los libró de Egipto). Por ello Dios muestra a Moisés cómo debe ser el santuario, quiénes serían sus sacerdotes (Aarón y sus hijos) y cómo debían practicar los ritos que simbolizaban la santidad y pureza en la cual Dios podía habitar (es decir, la necesidad de redención y expiación del pecado de su pueblo, incluido el de los sacerdotes). En definitiva, los sacerdotes eran parte de la intercesión (junto con el mobiliario y ritos) a través del cual Dios podía habitar entre los hijos de Israel, y ser su Dios.

Por tanto, tal como hemos explicado en “La eficacia de su ministerio sacerdotal“, Jesús no sólo tipificaba al Sumo Sacerdote sino al mobiliario, los ritos, y todas sus funciones y razón de ser en su conjunto.


3. El día de la expiación (Yom Kippur)

Analizaremos ahora, el significado concreto del Día de la Expiación o Yom Kippur descrito en Levítico 16.

Después que los hijos de Aarón murieron por ofrecer fuego extraño, no solicitado por Dios (Levítico 10:1-3; Levítico 16:1) mandó Dios a Moisés que le diga a Aarón que para no morir debía entrar al lugar Santísimo sólo una vez al año (Levítico 16:34), concretamente “en el mes séptimo, a los diez días del mes” (Levítico 16:29). Dicho día, será día de expiación:

“porque en este día se hará expiación por vosotros para que seáis limpios; seréis limpios de todos vuestros pecados delante del SEÑOR (…) Tendrás esto por estatuto perpetuo para hacer expiación por los hijos de Israel, por todos sus pecados, una vez cada año. Tal como el SEÑOR lo ordenó a Moisés, así lo hizo.” Levítico 16:30, 34 (LBLA – destacado nuestro)


3.1. ¿En qué consistía el rito del Día de la Expiación?

De forma sintética, el Día de la Expiación (Levíticos 16) se buscaba LIMPIEZA, PUREZA o SANTIDAD del pueblo de Israel (que involucraba el perdón de todos los pecados). Concretamente Lev. 16 nos dice que (1) era necesario que el Sacerdote estuviera LIMPIO (para ello el sacerdote: (a) se lavaba y se vestía con vestiduras consagradas (Lev. 16:4); (b) ofrecía 1 becerro degollado para expiación de sus pecados y de su casa o familiares (Lev. 16:11); (2) era necesario que el mobiliario estuviera LIMPIO. Para ello la sangre del becerro ofrecido por sus pecados y su casa era esparcida con el dedo, 7 veces, sobre el santuario y el tabernáculo. Esto se hacía también con la sangre del macho cabrío para expiación del pueblo (Lev. 16:14-17); (3) era necesario que toda Israel debía estar LIMPIA. Para ello, el sacerdote ofrecía un macho cabrío degollado por expiación del pecado de toda Israel (Lev. 16:15).

De esta manera podemos ver cómo la expiación implicaba LIMPIEZA, PUREZA O SANTIDAD del sacerdote y del mobiliario para finalmente expiar (cubrir o perdonar) todos los pecados de Israel.

Además, la expiación implicaba que: 1 macho cabrío, sobre el cual Aarón echó suerte para Azazel o “macho cabrío expiatorio” (dependiendo la versión bíblica utilizada), debía ser enviado al desierto una vez que el sacerdote confesaba todos los pecados de Israel sobre éste. Este acto está simbolizado, según la Biblia, como “para reconciliación” (según la VRV 95 y otras versiones) o “para expiación” (según la LBLA y otras versiones). Aceptando una u otra versión, es claro que sin el envío de este macho cabrío al desierto la reconciliación o expiación no era completada.

Finalmente (sin olvidarnos que había también incienso y perfumes dentro del rito) 2 carneros (uno por el sacerdote y los suyos, y otro por Israel) se ofrecían como holocausto (u ofrenda encendida), que también formaba parte del rito de la expiación.


3.2. ¿Y qué dice el NT al respecto?

Si en el Día de la Expiación eran necesarios varios sacrificios para “cubrir” los pecados del sacerdote y su casa, y luego respecto del pueblo entero, ahora, en la cruz, Jesús, de una vez para siempre ofreció su sangre por todos.

“que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo” Hebreos 7:27 (LBLA – destacado nuestro)

Si en el Día de la Expiación era necesaria la sangre de machos cabríos y becerros para expiación, y carneros para holocaustos, ahora, sólo por medio de la sangre de Jesús (quien está a la diestra del Padre) tenemos eterna redención.

“y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna” Hebreos 9:12 (LBLA – destacado nuestro)

Si el Día de la Expiación debía repetirse cada año para perdón de los pecados, Jesús sólo lo hizo una vez para siempre.

“y no para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo cada año con sangre ajena” Hebreos 9:25 (LBLA – destacado nuestro)


3.3. Conclusión

Finalmente, Jesús al no tener pecado, no necesitaba ritos de purificación para sí mismo. Ofreció su sangre perfecta, una vez para siempre, para expiación de los pecados del ser humano de todo tiempo y lugar, y hoy ministra como Sumo Sacerdote intercediendo por nosotros, y habilitándonos el acceso al Padre hasta su venida.

“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” Hebreos 8:1 (LBLA – destacado nuestro)

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,” Hebreos 10:19 (LBLA – destacado nuestro)

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  1. Gracias por este espacio de estudio de la leccion, me ayuda para centrar mis opiniones en la calse de escuela sABATICA.

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